TONALTEPETL 15/01/21

Gustavo L. Solórzano

Hoy a la gente se nos soltó la lengua, somos una sociedad que cada día se atreve más, que se expresa, aunque no siempre en buena forma, pero estamos cambiando. Durante mi adolescencia, por ejemplo, hablar mal del gobierno solo lo hacían los “rojillos”, los desadaptados, los cansados de vivir, porque criticar al gobierno podía significarla muerte. Tal vez se leyó exagerado, no lo es. Cada sexenio presidencial ha dejado su propia historia de logros y buenas acciones, lamentablemente también ha generado dudas ante ciertas circunstancias lamentables, que la nación se los demande.

Hoy está pasando algo muy difícil de digerir, no nos dieron tiempo y nos lo tragamos entero. Ciertamente existe un problema de salud, todos hablamos de el, hemos caído en la tenebra de los poderosos, nos enganchamos al anzuelo de la sin razón, repito hoy lo que tantas veces he dicho, querían meternos miedo y lo lograron. Somos víctimas de una enfermedad que se llama engaño colectivo.   Ningún poderoso se ha vacunado ni lo hará, lo que hacen es nutrirse, vitaminarse, vivir en la “la paz” de su mandato y crear karmas para su alma.

Los medios, las instituciones hablan de la enfermedad, de muerte, destrucción y caos. Pocos hablan de salud, vida, curación, a riesgo de ser linchados por irredentos y casi blasfemos. Es necesariamente URGENTE cambiar la historia, darle vuelta al disco, es decir, cuando niños escuchábamos canciones y al término del ello, retirábamos el disco de acetato y le dábamos vuelta para escuchar las otras. Eso es lo que necesitamos hacer, quitarle fuerza a una enfermedad que se expande por conciencia y no por un estado físico.

Cualquier problema de salud requiere descanso, alimentación sana, agua, sí, pero también requiere paz interior, silencio, aislamiento parcial o total y sobre todo, actitud positiva. Reitero, tenemos fecha de caducidad y un día terminará nuestro ciclo, mientras eso sucede vivamos, disfrutemos, seamos amables, serviciales, amigos de verdad, amemos a nuestra familia y sigamos creciendo con ella.

Es necesario entender que hemos caído en una trampa, el tema familiar, amistoso y entre compañeros de hoy es el mismo.” Fulanito está enfermo, perenganito falleció, van tantos difuntos en tal o cual lugar”, etc. Ese ha sido nuestro error y no quiere decir que dejemos de cuidarnos o que no nos duelan los que nos dejan. Quiere decir que necesitamos poner un ¡ya basta! A la pandemia energética que seguimos alimentando y con ello, acrecentando la real.

Hablemos de salud, hablemos de la vida, cerremos el paso a la desinformación, al dolo, a la ignorancia y la mala fe. Oremos sin religión, Dios no la tiene, meditemos, cantemos, ayudemos a quien necesita, mantengamos la mente sanamente ocupada, evitemos las noticias y compartir basura por las redes. Hagamos nuestra la frase atribuida a Dios, “ayúdate que yo te ayudaré, por cierto, no la busque en ningún libro, no está. Búsquela dentro de sí mismo, le aseguro que el nos escucha y sabrá acompañarnos en nuestro tiempo. Mientras estemos aquí, agradezcamos y seamos felices.

ABUELITAS:

A pesar del tiempo que tienen, las computadoras son un sueño aun para muchos. Mucha gente no sabe usarlas y otras difícilmente pueden tener o comprar una. Además de la economía, la edad, es para muchos un obstáculo. Me referiré a un señor de casi ochenta años que fue a buscar ayuda a la condusef. Lamenta haber recibido una atención deficiente, le exige cubre boca un empleado que no la usa y le señala en tono poco amable, que debió hacer su solicitud por la computadora. Quiero ser conservador en mi señalamiento. Si enérgico, en la petición de que los empleados de cualquier institución nos debemos a la sociedad y si no nos gusta trabajar, hay gente que si quiere y necesita. Ya casi para retirarse, llegó alguien que parecía tener rango en esa oficina, tampoco tría cubre boca. Necesitamos abonar a la armonía social. Es cuanto.

TONALTEPETL

Gustavo L. Solórzano

Hoy a la gente se nos soltó la lengua, somos una sociedad que cada día se atreve más, que se expresa, aunque no siempre en buena forma, pero estamos cambiando. Durante mi adolescencia, por ejemplo, hablar mal del gobierno solo lo hacían los “rojillos”, los desadaptados, los cansados de vivir, porque criticar al gobierno podía significarla muerte. Tal vez se leyó exagerado, no lo es. Cada sexenio presidencial ha dejado su propia historia de logros y buenas acciones, lamentablemente también ha generado dudas ante ciertas circunstancias lamentables, que la nación se los demande.

Hoy está pasando algo muy difícil de digerir, no nos dieron tiempo y nos lo tragamos entero. Ciertamente existe un problema de salud, todos hablamos de el, hemos caído en la tenebra de los poderosos, nos enganchamos al anzuelo de la sin razón, repito hoy lo que tantas veces he dicho, querían meternos miedo y lo lograron. Somos víctimas de una enfermedad que se llama engaño colectivo.   Ningún poderoso se ha vacunado ni lo hará, lo que hacen es nutrirse, vitaminarse, vivir en la “la paz” de su mandato y crear karmas para su alma.

Los medios, las instituciones hablan de la enfermedad, de muerte, destrucción y caos. Pocos hablan de salud, vida, curación, a riesgo de ser linchados por irredentos y casi blasfemos. Es necesariamente URGENTE cambiar la historia, darle vuelta al disco, es decir, cuando niños escuchábamos canciones y al término del ello, retirábamos el disco de acetato y le dábamos vuelta para escuchar las otras. Eso es lo que necesitamos hacer, quitarle fuerza a una enfermedad que se expande por conciencia y no por un estado físico.

Cualquier problema de salud requiere descanso, alimentación sana, agua, sí, pero también requiere paz interior, silencio, aislamiento parcial o total y sobre todo, actitud positiva. Reitero, tenemos fecha de caducidad y un día terminará nuestro ciclo, mientras eso sucede vivamos, disfrutemos, seamos amables, serviciales, amigos de verdad, amemos a nuestra familia y sigamos creciendo con ella.

Es necesario entender que hemos caído en una trampa, el tema familiar, amistoso y entre compañeros de hoy es el mismo.” Fulanito está enfermo, perenganito falleció, van tantos difuntos en tal o cual lugar”, etc. Ese ha sido nuestro error y no quiere decir que dejemos de cuidarnos o que no nos duelan los que nos dejan. Quiere decir que necesitamos poner un ¡ya basta! A la pandemia energética que seguimos alimentando y con ello, acrecentando la real.

Hablemos de salud, hablemos de la vida, cerremos el paso a la desinformación, al dolo, a la ignorancia y la mala fe. Oremos sin religión, Dios no la tiene, meditemos, cantemos, ayudemos a quien necesita, mantengamos la mente sanamente ocupada, evitemos las noticias y compartir basura por las redes. Hagamos nuestra la frase atribuida a Dios, “ayúdate que yo te ayudaré, por cierto, no la busque en ningún libro, no está. Búsquela dentro de sí mismo, le aseguro que el nos escucha y sabrá acompañarnos en nuestro tiempo. Mientras estemos aquí, agradezcamos y seamos felices.

ABUELITAS:

A pesar del tiempo que tienen, las computadoras son un sueño aun para muchos. Mucha gente no sabe usarlas y otras difícilmente pueden tener o comprar una. Además de la economía, la edad, es para muchos un obstáculo. Me referiré a un señor de casi ochenta años que fue a buscar ayuda a la condusef. Lamenta haber recibido una atención deficiente, le exige cubre boca un empleado que no la usa y le señala en tono poco amable, que debió hacer su solicitud por la computadora. Quiero ser conservador en mi señalamiento. Si enérgico, en la petición de que los empleados de cualquier institución nos debemos a la sociedad y si no nos gusta trabajar, hay gente que si quiere y necesita. Ya casi para retirarse, llegó alguien que parecía tener rango en esa oficina, tampoco tría cubre boca. Necesitamos abonar a la armonía social. Es cuanto.