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TONALTEPETL – 15 DE NOVIEMBRE 2022

Gustavo L. Solórzano

Era una noche como muchas otras, los vendedores anunciaban con clásico estilo su vendimia. “Pancho” promovía a las tarántulas venenosas, al apalcuate y a la víbora cuatro narices, “Levántala para que la vean Pancho”. Los diferentes sonidos, por momentos se opacaban unos a otros y una nube de polvo nos cubría a todos, incluyendo claro, a los vendedores de alimentos y golosinas. El jugo de caña aderezado con limón, era todo un manjar y los algodones de azúcar se derretían literalmente en la boca. Los niños de mi época disfrutábamos la feria aun sin dinero.

Una noche llegué a la feria de todos santos, así se llamaba antes, y llevaba el producto de mis ahorros de dos o tres días de trabajo (Haciendo mandados). Encontré a un comerciante que tenía una rueda de madera para tirarle con los dardos y me gané ocho figuras de yeso. Sorprendido y feliz por mi logro, me puse pensativo, ¿Cómo le haría para cargar con todo de regreso a casa? las voces de mis amigos de infancia me trajeron al presente. Era la familia Sandoval Chacón, jalapeños de pura cepa, quienes hicieron suya mi alegría por mi acierto con los dardos.  

Brevemente les platiqué mi hazaña y Doña Amada me propuso comprarme algunas figuras y que pasara a su domicilio al día siguiente, para darme mas dinero y que yo regresara para participar en el puesto mencionado. Naturalmente emocionado eso hice y nuevamente obtuve varios premios, esta vez para ellos.

En otra ocasión nos pusimos de acuerdo varios amigos del barrio, entre ellos Omar el “elote”, hermano de “longo”. Nos fuimos caminando hasta el complejo que hoy ocupa la subsecretaría de cultura, y ya en el lugar, encontramos un stand que anunciaba monstruos y misterio. Figuras reconocidas adornaban la entrada y las pinturas sobre la lamina que servía de pared, eran presagio de algo terrorífico en su interior. Tendríamos entre diez y doce años, a muchos nos ganó el miedo y optamos por proponerle a Omar que el entrara y nosotros pagaríamos su boleto. Inquieto de manera natural, el elote ni tardo ni perezoso dijo que si aceptaba.

Las familias abarrotaban la feria, la Carpa de Chupamirto, alegraba con sus bromas y duras críticas al sistema, el corazón de los asistentes. Mas al sur de los juegos y vendimias, las terrazas que llevaban el nombre de dos bebidas embriagante más reconocidas en esa época, eran la fuente en donde se libaba el etílico néctar de la cebada.

El elote salió con la piel color de la cera, y su cabello como si hubiera sido tocado por una descarga eléctrica de caricatura, “los pelos parados”. Con la respiración entrecortada, nos contó su vivencia al interior del “juego”. Un hombre vestido de gorila, se encontraba metido en una jaula intentando salirse, como todos los chiquillos, vago, a la pasada Omar finteó al personaje en mención, haciendo el ademán de que lo iba a golpear, justo en el momento en que éste, pasaba por el frente de su jaula, el supuesto gorila logra escaparse y le puso una correteada a Omar arrojándolo contra las paredes de lámina. Entre gritos y revolcadas Omar logró salir y pudo contarnos la escalofriante aventura entre risas y temblorina. ¿A poco te volverías a meter?  Preguntamos, el elote respondió, “chin… a su ma… si entro”.

ABUELITAS:

Por favor apreciable leyente, imagine usted una pelota de futbol, un bolonchón y un balín, la primera sería la tierra, la segunda la cantidad proporcional de agua dulce que nos queda como reserva en la tierra y la bolita mas pequeña el agua que queda en ríos y lagos. ¿Me explico? Es cuánto.