TONALTEPETL 18 DE FEBRERO 2021

Gustavo L. Solórzano

Si alguna vez dudé, el pasado miércoles me di cuenta de que en la actualidad la gente está necesitada de Dios. Recibí una enorme cantidad de mensajes invitándome a tomar ceniza. La creatividad de quienes elaboran los mensajes que circulan por las redes es maravillosa, motiva verdaderamente. Ojalá que ese sea otro de los logros de la pandemia, acercarnos a Dios, con tanto humano comiendo humano, en verdad lo necesitamos, eso que no ha temblado.

Situada a 583 metros de altitud sobre el nivel del mar, la comunidad denominada la Rosa de San José de Lúmber, pertenece al municipio de Manzanillo, Colima. Al decir de uno de los lugareños viven actualmente unas cien personas. Mela pensé en escribir porque no se si los perjudico o los habré de beneficiar. Ellos viven bien, viven felices en su tierra respirando aire puro de la sierra y comiendo sano lo que cultivan. Solo les gustaría que les terminen la carretera que los uniría de manera directa con el municipio de Coquimatlán y de ahí a Colima, tan solo faltan de acuerdo a su cálculo unos 15 kilómetros. Mismos que al parecer ningún gobierno ha querido atender, todo ha quedado en promesas. Ciertamente la llegada al lugar es un poco abrupta, curva tras curva, por Manzanillo o por Minatitlán, no hay de otra, aunado a lo anterior, el diseño de la carretera fue por aire, “no nos tomaron en cuenta, se hubieran ahorrado tiempo y muchos pesos con lo que hicieron”. Acota otro habitante.

 

En alguna época, un comisario gestionó y con el aporte de todos, metieron un par de máquinas para abrir camino y avanzar el tramo carretero hasta el cerro grande. Hasta ahí está encarpetada la carretera, lo que falta, favorecería la vida en esa comunidad, pienso.

El Prof. Ricardo Guzmán Nava, el Prof. Manuel Edmundo Llerenas Ibarra, y el Prof. Hugo Alberto Gallardo Virgen, entre otros, visitaron esta comunidad hace más de treinta años. La carne de venado fue el platillo fuerte, acompañado de frijolitos y una bebida derivada de la cebada bien fría, naturalmente sin faltar las tortillas hechas a mano.

 

Ese fue un día de fiesta para la comunidad, la autoridad educativa y sindical visitaban por primera vez esas tierras y sin duda, había que festejarlo.

Un ciudadano me platica con tristeza en el tono de su voz, quizás con desesperanza, “solo vienen cuando andan buscando el voto, después ni se acuerdan de nosotros, menos de sus promesas”.

Carentes de servicio médico, transporte y comunicación, los habitantes de la Rosa de San José de Lúmber, no tienen derecho a enfermarse. Una vez al mes va una unidad móvil de la Secretaría de salud para ofrecer atención. Los demás días viven bajo la voluntad de Dios, “el que tiene carro, pues a lo mejor la hace, pero el que no, quien sabe”.

 

Relacionada con la tierra, la fertilidad y la alimentación, una estatua de la Diosa Mayahuel adorna el centro de una glorieta triangular en la comunidad. Cerca, muy cerca, la cruz de una modesta parroquia contrasta con la deidad indígena. Quizás, intentando fusionar la fe perdida de un pueblo que dejo de creer en sus autoridades y asume la responsabilidad que le corresponde de acuerdo a su lugar bajo la cosmovisión mesoamericana.

ABUELITAS:

Los rumores pueden enfermar a quien los escuche y crea. “Verás que cuando lleguen las elecciones el semáforo covid estará en verde”. Es cuanto.