EL SOMBRERO DEL MAGO

Carlos M. Hernández Suárez

Mi madre tenía una lógica apabullante. Cuando tenía 14 años comencé a perder el pelo, y me preocupé. Susy, mi hermana mayor, protectora, como siempre lo ha sido, me dijo: “no te preocupes Carlos, ya hay medicina para que no se te caiga”, mi madre, escuchó eso y me dijo: “Mira Carlos: tu padre no tiene pelo, así que se te va a caer, ya, punto. Además, ¿conoces reyes sin pelo? Hay muchos, tú crees que, si hubiera medicina, ellos que son reyes, con todo el poder que tienen, ¿no se la hubieran tomado? Pues así fue, efectivamente, mi madre hizo que la preocupación no me durara un día. Nunca volví a ocuparme o preocuparme.

Pero esa lógica implacable la heredó de mi abuela. Mi madre me cuenta que mi abuela tenía una pequeña fonda, porque quedó viuda muy joven, y con eso mantenía a sus hijos. Un día, cuando mi madre tenía unos siete años, vio a un señor comiendo en la fonda, y ella lo reconoció y le dijo a mi abuela: “mamá, ese señor es mago y trabaja en el circo. Aparece dinero de sombrero, montones de monedas”. Mi abuela le contestó: “hija, ya van dos veces que viene a pedirme comida fiada, ¿crees que si sacara dinero del sombrero tendría que hacerlo?

Vamos a ver si heredé la lógica tan cruda de mi madre y abuela.

Por ahí hay gente que anda promoviendo la producción orgánica, es decir, nada de fertilizante ni productos químicos para cultivar lo que comemos. Pues eso debe venderse mejor, ¿no? Efectivamente, vean cualquier cosa de un supermercado que sea “producida orgánicamente” y verán es más cara. Entonces ¿no eleva eso el costo de la canasta básica? ¿Quién puede pagar productos orgánicos?

Por otro lado, ¿saben lo laborioso que es producir cualquier cosa orgánicamente? No solo hay que traer camiones llenos de desechos animales y vegetales, hay que mezclarlos bien, y luego, repartirlos por toda la parcela, y luego, esperar a que se descompongan para que las plantas las puedan aprovechar. Eso solo lo pueden hacer los agricultores que tienen maquinaria, trabajadores y recursos. Es decir, los que tienen capital.

Eso de promover la agricultura orgánica en parcelas de diez por diez, con ayuda de vecinos es un ejercicio educativo, de integración social, a lo mucho, aunque es más probable que sea politiquería. Nada que ver con la verdadera problemática alimentaria del país.

Se han hecho revoluciones con obreros, se han hecho revoluciones con campesinos, se han intentado revoluciones con estudiantes. Pero es la primera vez que veo que alguien trata de hacer una revolución convirtiendo a los obreros en agricultores.