MANZANILLO COLAPSADO ANTE MODERNIDAD DEL PUETRO
Manzanillo enfrenta en este momento un tema de conectividad logística mal resuelta. Ante la modernización del puerto y su crecimiento comercial, logístico y espacial la infraestructura urbana se quedó atrás generando problemas como tráfico pesado circulando por vialidades urbanas que no son aptas para camiones de carga, congestionamientos constantes que impiden la movilidad fluida, desgaste acelerado de calles y avenidas que no se reparan con la misma velocidad que se atrofia y afectaciones directas a colonias y zonas habitacionales.
Si bien los tres niveles de gobierno han anunciado obras como la ampliación a seis carriles del corredor logístico Manzanillo–Jalisco y la creación de un segundo acceso a la zona norte, lo cierto es que se está muy lejos de una infraestructura urbana digna con movilidad segura y planeación vial de largo plazo.
Sin embargo, otro tema que tiene estrangulado al puerto es la mala infraestructura aduanera y portuaria que quedó rebasada por el crecimiento del comercio exterior. Áreas de inspección insuficientes, salidas colapsadas y vialidades urbanas convertidas en patios de maniobra forman parte del paisaje cotidiano. Cada retraso incrementa costos logísticos y erosiona competitividad regional. El problema surge en la planeación ausente, no en la falta de propaganda.
Muchos navíos, camiones y transportes sufren los costos de la congestión portuaria. El impacto ya cruza fronteras logísticas y exhibe decisiones políticas. Importadores y navieras ajustan rutas ante costos crecientes e incertidumbre operativa generada desde el propio sistema.
Estadías prolongadas, demoras en despacho y filas externas elevan tarifas finales para los operadores, que sufren el sobrecosto desde el arribo al puerto de Manzanillo
En las aduanas, otro problema grave, la tolerancia administrativa sostiene el sistema. Accesos irregulares, patios sin ordenamiento y procesos laxos operan bajo supervisión mínima. La autoridad observa y permite. El desorden deja de ser falla y se convierte en método.
Además, las agencias aduanales y transportistas operan bajo presión permanente, de quienes se han adueñado de los patios de maniobras, regulares e irregulares, que lo mantienen en el riesgo de boletinaje, alertas administrativas o bloqueos operativos que inhiben cualquier pronunciamiento público. Hablar implica perder acceso. Operar implica callar.
El principal puerto del país carece de control integral pese a recursos, facultades y marcos normativos suficientes. La centralización presume capacidad. La operación cotidiana exhibe abandono selectivo.

