TONALTEPETL – 23 DE SEPTIEMBRE 2021

Gustavo L. Solórzano

El altruismo ha sido considerado como un regalo divino, a mucha gente le gusta servir, ayudar sin esperar nada a cambio. Aunque ciertamente se ha ido perdiendo con la modernidad y las circunstancias de vida, aun existen corazones generosos y ávidos de dar amor a los semejantes en desgracia.

Por otro lado, la psicología guestalt, algunas religiones y muchas corrientes filosóficas sugieren que el milagro para que llegue, hay que pedirlo. “No regales porque la gente no valora”, frase gastada por el tiempo y que lamentablemente a veces es profética. A la gente se le olvida valorar, reconocer y peor aún, agradecer.

Decía uno de mis maestros, “nunca te metas en el sufrimiento ajeno, pues el hombre debe cansarse de sí mismo y beber hasta el fondo la copa de veneno que le corresponde”. Dicho de otra manera, lo anterior se refiere a que cada quien se rasque con sus uñas.  Dejar que cada persona resuelva sus necesidades y si acaso solicita apoyo y está en nosotros dárselo, hacerlo. Es necesario reconocer que a veces la presunción nos hace pensar, suponer o imaginar que podemos ayudar a todos, sin estar conscientes de que solo es posible ayudar a aquellos que están preparados para aceptar la ayuda.

Una persona que sufre ve el mundo a través de su dolor, por lo que en la mayoría de las ocasiones reacciona como sorda y ciega, es decir, solo su opinión cuenta, no entiende razones, pues su ego está sensible, inflado y en consecuencia puede cerrarse a la ayuda o menospreciarla si la recibe.

Cada persona se arrastra tras su experiencia de vida, sin ver que se trata de un peso muerto. No sirve lo que lleva en su espalda, es un pesado lastre emocional que le ciega y no le permite ver más allá de su nariz. No busca “quien se la hizo” sino quien se la pague, aun cuando suene exagerado, una persona dolida, resentida, inestable, patológica emocionalmente pues, es un peligro. De ahí que algunas filosofías sugieran que, si intervienes en el sufrimiento ajeno, el vórtice kármico te succionará en un juego ajeno. Pues sostienen que el hombre es capaz de contagiar, con su sufrimiento a cualquier otro ser.

Otro aspecto sumamente importante del altruismo moderno es el estar lleno para dar. Dar implica tener, estar y sentirnos llenos de amor para poder compartir con los demás. Sin la base del amor propio, el amor por los otros se convertirá en un desgaste permanente, en una carrera sin sentido por dar gusto a los demás, servirles de soporte, cargar sus maletas, secar sus lágrimas y dar alas a sus sueños y ¿Sobre qué alas reposan los tuyos? Sean quienes sean esos otros, pareja, hijos, padres, hermanos, familia, lo comprendan o no, todos ellos nos requieren libres, plenos de dicha y amorosos. Dar, requiere de nuestra concentración personal, nuestra pareja hallará inspiración, nuestros hijos hallarán el ejemplo que necesitan en nuestra pasión, nuestra familia hallará en nosotros un símbolo de fortaleza y plenitud.

Lo que nos corresponde dar a los demás, es la luz que resplandece de nuestros triunfos, talentos y satisfacciones con humildad. Como el río, no nutrimos a los otros deteniéndonos, los nutrimos avanzando con fuerza, encontrando nuestro cauce y hallando el océano que a cada uno nos espera.

Solo si estás haciendo tu propio camino, (cada uno) podrás ayudar a la gente a levantarse.

ABUELITAS:

La clave para su salud sigue estando en la calidad de su sistema inmunológico, por ende, en su sana nutrición. Mentalidad positiva y ejercicio acorde a su edad; algo muy importante, por favor no vea tele ni lea, vea o escuche noticias. Es cuánto.